“ 8. Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel;

9. y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.

10. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio,”

2 Samuel 7:8-10


Qué tremenda y poderosa respuesta de Dios a David, cuando este último quería edificarle una casa sólida. Es Dios mismo quien le dice a David, que Él es el que ha estado siempre ahí, que nada ha ocurrido por el esfuerzo de David, o de casualidad debido a las circunstancias experimentadas. Y le recuerda que durante toda su vida Él ha sido fiel. Le recuerda que Él lo sacó de detrás de las ovejas, donde David estaba cuando Dios lo vió, y lo amó, y diseñó para él un futuro muy diferente si Dios no hubiese intervenido.


Todos nosotros necesitamos que Dios intervenga nuestras vidas. Podemos estar haciendo muchas cosas, con esfuerzo, con buen ánimo, incluso con objetivos claros para nosotros y nuestro entorno de vida, pero si Dios no llega a nuestras vidas, nuestro futuro siempre será incierto. Porque no depende de nosotros, no depende de cuánto esfuerzo pongamos en lograr nuestras metas, o cuán inteligente seamos, o si tenemos o no los medios. Es Dios el que al llegar todo lo cambia para bien en nuestra existencia, y nos da una nueva vida.


Y la respuesta que buscaba David, el Señor ya lo tenía todo preparado, incluso le habla acerca de sus planes no solo para con él, sino para todo el pueblo de Israel, para todos sus elegidos, para todos los que hemos sido comprados a precio de sangre. Hay un lugar que Dios mismo está preparando para nosotros, para que donde Él esté, nosotros estemos con Él.


La venida del Señor está muy cerca, ponte a cuentas con Dios, y tu vida tendrá un vuelco de bendición que jamás pensaste, pero que Dios ha preparado para ti.


Pr. Herman Gajardo P.