“19. Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti;

20. y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.

21. Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.”

Hechos 22:19-21

El apóstol Pablo, en su testimonio de su conversión, cuenta a quienes le escuchaban acerca de todo lo que hizo en contra de los primeros cristianos, y en el versículo 19, que leemos hoy, dice: “Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti”, reconociendo que él actuaba con violencia y alevosía, luego, en el versículo 20, dice: “y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban”, es interesante notar que Pablo le confesó al Señor todo lo malo que había hecho, sin guardarse nada, quizás esto nos ayude a entender a nosotros hoy, la importancia de confesar nuestros pecados, para que Dios, en su infinito amor, nos perdone por la sangre derramada por Jesús en la cruz.

Pablo se sentía indigno que el Señor lo pudiera considerar a él, debido a su mal comportamiento, pero Dios tenía planes que van más allá de nuestra comprensión, y a pesar de su pasado, Dios lo perdonó, lo limpió, lo transformó en alguien útil para sus planes, y lo envía a predicar su evangelio a los gentiles. Pablo es usado por Dios para que el mensaje de salvación un día pudiera llegar hasta nosotros acá, en los confines de la tierra.

Pr. Herman Gajardo P.