“4. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más:

5. circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;”

Filipenses 3:4-5

En estos versículos que leemos hoy, el apóstol Pablo nos confronta en relación a confiar en la carne, o sea en nuestros logros personales, por lo cual, en el versículo 4, escribe: “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne…”, y esto, lo hace para sacar su voz, en relación a todo su empeño y esfuerzo por lograr muchas metas personales, y agrega: “…Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más:”, declarando con esto que él ya sabía cuáles son las consecuencias de confiar en la carne, y que tanto esfuerzo personal al final no conduce a nada, por lo cual él tenía razones de peso y de sobra para refutar a cualquiera que ponga su confianza en lo que es capaz de hacer y de lograr.

Luego, en el versículo 5, comienza a enumerar algunos de sus logros, que, para cualquiera eran razones para vanagloriarse: “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo”, cada uno de estos enunciados, era de suma importancia para un judío en esa época, pero Pablo, nos quiere enseñar algo mucho más importante que los logros personales y reconocidos por la sociedad.

Pr. Herman Gajardo P.