“31. Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

32. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

33. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

34. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

35. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.”

Juan 6:31-34

Mucha gente, muy impresionada con Jesús, le siguieron hasta Capernaum donde Él había ido con sus discípulos, cualquiera diría que Jesús era el éxito del momento y era lógico que todos quisieran ir tras Él, pero las escrituras nos dicen que a Jesús no le pareció bien que le siguieran, y esto debido a que el Señor les hace ver que no vienen a Él por el mensaje del evangelio, sino porque comieron el pan y se saciaron, y les enfatiza que deben preocuparse más bien por comer el pan espiritual, ante lo cual la gente le dicen “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer”, pero Jesús les responde con autoridad: “No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo”, y además agrega: “Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”, ante lo cual, todos le piden que les dé de ese pan.

Es de imaginar que la gente efectivamente había comenzado a seguir a Jesús porque eran saciados físicamente, quizás ese mismo concepto aún persista en muchos que solo les interesa ser saciados en sus necesidades, ya sean financieras, emocionales, enfermedades, que si bien en apariencia son necesarias, no es lo importante, lo realmente importante es nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro eterno, y ese es el mensaje del evangelio, sacarnos de la comodidad de nuestros pensamientos basados en vivir y enfrentar esta vida terrenal, la cual debido al pecado, tiene por fin la muerte, pero Jesús vino a buscar lo que se había perdido, y nos ofrece vida eterna a través de su salvación, para la cual solo debemos creer en Él.

Por eso Jesús hace una tremenda declaración al decir: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”, si entendemos esto es porque nos interesa conocer y comer de este pan, y nuestra alma no volverá a tener hambre, ni volveremos a tener sed, solo debemos creer que Jesús es el hijo de Dios y es quien dió su vida en la cruz del calvario, para darnos salvación eterna. Bendito Salvador. Bendito Pan de Vida.

Pr. Herman Gajardo P.