“10. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.”

2 Corintios 7:10

Estamos viviendo el día a día con la confianza en Dios que pronto todo pasará. Pero no han sido días fáciles, hemos tenido que ser fuertes, sacar fuerzas de flaqueza para seguir adelante. Las lágrimas se han dejado ver y la incertidumbre se ve en el rostro de quienes nos rodean, de nuestros gobernantes, de nuestro vecindario y aún en muchos incluso de nuestra propia congregación.

La tristeza de no saber si el mañana llegará, la tristeza de no saber si tendré los recursos económicos para enfrentar lo que viene, la tristeza de ver las nefastas noticias a diario, la tristeza de saber que ese amigo o pariente no está bien de salud, la tristeza de pensar que no los volveremos a ver ni a conversar con ellos, la tristeza de estar encerrados sin poder abrazar a nuestros seres queridos, la tristeza de no saber cuánto más podremos soportar...

Estamos viviendo días en que no hay esperanza en las estrategias que se hacen para frenar la pandemia... las estadísticas reflejan una cruda realidad, en nuestro país y también en el resto del mundo.

Por eso me gozo al leer la Biblia y encontrar en ella promesas de Dios como: “...más no habrá para siempre oscuridad, para los que ahora están en angustia...” (Isaías 9:1) y el versículo siguiente agrega: “... los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos..” ¡¡Gloria a Dios..!!. Entonces mi corazón se alegra en Dios mi Salvador, ¡¡tenemos una esperanza..!! Se llama Jesucristo..!! Él es nuestra salvación..!!

La tristeza que es según Dios, dice el versículo inicial, produce arrepentimiento, y eso es lo que Dios espera, que nos arrepintamos de nuestros malos caminos y que nos volvamos a Él, pues Él es la vida, Él es nuestra Esperanza de Gloria, y no hay otra salida, pues en contrapartida la tristeza que viene del mundo (todo lo que vemos a diario) produce muerte...

Yo quiero la Vida, yo quiero a Dios en mi vida, yo quiero conocerle y cobijarme entre sus brazos... y sé que Él espera por mi, y también espera por ti...

Pr. Herman Gajardo P.