“31. Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.
32. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
33. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.
34. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
35. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.”
Mateo 26:31-35
En estos versículos que leemos hoy, encontramos un episodio que ocurre la noche previa a la que Jesús fuera entregado para ser muerto, y les dice a sus discípulos que esa noche, todos se escandalizarían de Él, según estaba escrito en la Palabra: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas”, a lo cual Pedro le dice que “aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”, Pedro era impulsivo, él de inmediato decía lo que estaba pensando, y en esta ocasión aflora lo que sentía en ese momento y trata de convencer a Jesús que él jamás lo negaría.
Las buenas intenciones de Pedro, muchas veces son las mismas de nosotros, las cuales al final terminan traicionándonos. Cuántas veces le hemos prometido al Señor serle fieles, no fallarle nunca, no volver atrás, no faltar a ningún Culto, cumplir en todo, ser leal, etc., etc., pero siempre algo sucede, y fallamos, y todas nuestras promesas terminan en nada, y nuestra credibilidad queda por el suelo. Pero al día siguiente, volvemos a nuestros intentos de poder cumplir lo que prometemos, y al final nos acostumbramos a vivir solo de buenas intenciones.
En el versículo 34, Jesús le dice a Pedro: “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces”, Jesús sabía de antemano lo que iba a suceder, y no se dejó influenciar por todas las promesas y aseveraciones de Pedro, el cual, incluso le dice a Jesús: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré”, a veces nuestra boca habla cosas bonitas pero a la hora de afianzar lo dicho no tenemos las agallas para defender nuestra palabra, pero Jesús no tomó en cuenta la falta de Pedro, y vió su arrepentimiento y sus lágrimas, y después de resucitar lo afirma en el ministerio… Oh Dios, ten misericordia de nosotros y perdona nuestras falencias, examina nuestro corazón y saca de allí todo lo que impida que te seamos fieles y perseverantes en ti…
Pr. Herman Gajardo P.



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