“10. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

11. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.

12. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.

13. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.”

1 Samuel 3:10-13

Samuel era solo un niño cuando Dios lo llama y le entrega un importante mensaje, incluso en el versículo 11 leemos que Dios le dice que Él haría una cosa en Israel, que quien la oyere, le retiñirán ambos oídos, dando a entender la magnitud del hecho cuando la gente se enterara de lo que había decidido hacer. Dios es Santo y su Santidad no puede ser contaminada, por lo cual Él debía intervenir en la vida del Sacerdote Elí.

En el versículo 12 encontramos que Dios ya le había advertido a Elí sobre su vida, su ministerio, su casa, sus hijos, y seguramente le había enseñado lo que tenía que hacer, considerando la importancia que tenía el desempeño del sacerdocio, de manera que debía y debe hacerse en integridad y en santidad, pero Dios estaba dispuesto a juzgar su cometido, como lo relata el versículo 13, y esto debido a la iniquidad cometida por sus hijos, pues dice que “sus hijos han blasfemado… y él no los ha estorbado”.

La permisividad del sacerdote Elí con sus hijos no pasó desapercibida delante de Dios, por lo cual el Señor debía imponer su voluntad y limpiar su casa del oprobio cometido por los hijos de Elí, y esto implica una importante enseñanza para nosotros hoy, pues nuestro personal cometido con el servicio que debemos cumplir ante Dios, abarca nuestra familia, nuestros hijos, pues debemos ser referentes de la Presencia de Dios en nuestro entorno y establecer y obedecer siempre sus principios y mandamientos.

Pr. Herman Gajardo P.