“40. Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, Para que yo destruya a los que me aborrecen.

41. Clamaron, y no hubo quien salvase; Aun a Jehová, pero no los oyó.”

Salmo 18:40-41

En estos versículos que leemos hoy, nos damos cuenta que David estaba escribiendo totalmente inspirado por el Espíritu Santo, pues podemos ver claramente que aquí habla lo que Jesús estaba sintiendo al morir en la cruz por nosotros, pues Él con su muerte destruyó totalmente el reinado de Satanás que tenía el imperio de la muerte (Hebreos 2:14), y le arrebató las llaves de la muerte (Apocalipsis 1:18), además, Jesús en su ministerio demostró su supremacía sobre los espíritus inmundos, los cuales le respetaban (Marcos 5:12-13), por lo cual, podemos asumir que la victoria obtenida por Jesús, al morir y resucitar de entre los muertos, y nos dió poder a través de su Espíritu Santo, para que nosotros también podamos tener autoridad sobre nuestros enemigos espirituales, demonios, y espíritus inmundos, que ya fueron vencidos por Jesús.

Es interesante leer en estos versículos de hoy, acerca de la derrota de los enemigos del reino celestial, del cual ahora nosotros somos embajadores, para pregonar la victoria de Jesucristo en la cruz del calvario, y las buenas noticias que el amor de Dios aún continúa vigente para todo aquel que cree en Él, pues, el enemigo ya fue vencido, por lo tanto, no tengamos temor de sus artimañas en nuestra contra, en Cristo somos más que vencedores (Romanos 8:37).

Pr. Herman Gajardo P.