“52. Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.”
Lucas 2:52
Como todo niño, Jesús comenzó a crecer, y en medio de la desazón de lo político y social que se vivía en ese entonces, por causa del Imperialismo Romano, que tenía subyugada a las Naciones en ese entonces, la figura de un Salvador persistía en el ambiente, pero lamentablemente todos estaban cegados y no entendían las señales proféticas del Mesías que ya estaba entre nosotros. El versículo que leemos hoy nos dice que: “Jesús crecía en sabiduría y en estatura”, era un niño muy inteligente, y seguramente a muy temprana edad comenzó a entender y darse cuenta quien realmente Él era, es posible que en sus conversaciones cotidianas hablaba con mucha seguridad y desplante, sobre todo de lo que contenían las sagradas escrituras, de hecho, en cierta ocasión, a los doce años de edad, se les había perdido a sus padres José y María, y lo encontraron en el Templo conversando animadamente con los doctores de la ley, a quienes escuchaba y les preguntaba, y todos estaban maravillados de su inteligencia y de sus respuestas.
El versículo continúa diciéndonos: “y en gracia para con Dios y los hombres”, o sea, no solo crecía en sabiduría y en su estatura, sino que aquí se enfatiza que también crecía en “gracia”, en amabilidad, en respeto, en sometimiento, lo cual lo hacía ver como alguien muy agradable, y no solo para con los hombres, sino también para con Dios, lo cual lo vemos respaldado por Dios mismo cuando Jesús se bautiza con Juan el Bautista, pues las escrituras dicen: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” (Mateo 3:16-17). Bendito sea el Señor.
Pr. Herman Gajardo P.


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