“4. Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron. 5. Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte. 6. En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.”

Salmo 18:4-6

En estos versículos que leemos hoy, David nos da a conocer su sufrimiento, y detalla poéticamente las angustias en las cuales se vio envuelto, por lo cual, podemos darnos cuenta de donde Dios lo sacó; los salmos por él escritos contienen no solo una belleza poética al conocer y experimentar la mano de Dios a su favor, sino que también nos enseñan las bellas consecuencias de poner nuestra total confianza en Dios y aprender a esperar solo en su misericordia. “Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron”, quizás de la misma manera, que más de alguna vez, nosotros también nos hemos encontrado, luego, dice: “Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte”, cuando pensamos que la muerte nos acecha.

Más adelante, nos dice: “En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios”, enseñándonos que solo Dios puede oír nuestro clamor, y Él siempre nos responderá. El último versículo de hoy, termina diciéndonos: “Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos”, que no nos quepa duda, que Dios vendrá en nuestro socorro. Que no decaiga nuestra fe. Aunque la respuesta tardaré, llegará, y las tinieblas se desvanecerán, y su majestuosa sombra nos cubrirá.

Pr. Herman Gajardo P.