“20. Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?

21. Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?

22. Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.”

Juan 21:20-22

Mientras conversaba Jesús con Pedro, iban caminando, y Pedro vuelve su mirada atrás y ve que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba (vale la pena mencionar que quien escribe esta epístola es el apóstol Juan, y él se denomina o se considera a sí mismo “el discípulo amado por Jesús”, sabemos que Jesús los amaba a todos, pero Juan se consideraba muy privilegiado y se jactaba en sus escritos de ser el discípulo amado), el versículo menciona que fue el mismo discípulo que se recostó al lado de Jesús en la última cena, el mismo que le preguntó quién era el que lo iba a entregar.

Pedro, al ver a Juan le pregunta a Jesús: “Señor, ¿y qué de éste?”, tal vez con la intención de averiguar el qué pasaría con Juan, quien era el más joven de los discípulos, al cual, Jesús mientras estaba en la cruz, le había dicho que recibiera a su madre María, como su madre. Pero Jesús le responde a Pedro: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú”, Jesús quería ratificarle a Pedro que Él seguía en control de todo, qué Pedro solo debería confiar en Él, que todo lo que le había enseñado debería comenzar a ponerlo en práctica, y su labor le absorbería todo su tiempo, por lo cual más que preocuparse por Juan debería fijar sus ojos en Él, y seguirle, que nada le hiciera perder el rumbo de lo que debería hacer. De la misma manera, nosotros hoy, debemos sólo seguir a Cristo, fijar nuestros ojos solo en Él, guiarnos solo por sus enseñanzas, y cumplir su propósito en nosotros.

Pr. Herman Gajardo P.