
“1. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?
2. Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.”
Santiago 4:1-2
El apóstol Santiago, inspirado por el Espíritu Santo, nos escribe aquí exhortándonos a entender cuáles son las consecuencias de nuestro mal proceder, y de insistir en tratar una y otra vez de establecer parámetros acorde a nuestra manera de ver las cosas y vivir lejos de los preceptos y mandamientos establecidos en las Sagradas Escrituras, lo cual obviamente no nos llevará a buen fin. Bien escribió Salomón diciendo: “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Es lamentable tener que admitir que, a pesar de todos nuestros humanos esfuerzos por tener buenos resultados a nuestras determinaciones de vida, estos no nos resultan. El versículo 1, del párrafo bíblico que leemos hoy, nos aclara que lo malo que vemos y padecemos, es consecuencia de nuestras pasiones, las cuales combaten dentro de nosotros, por lo cual debemos ser sabios y aprender de verdad a depender de Dios.
El versículo 2, enfatiza en nuestra manera de ser, y nos dice: “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís”… a veces pensamos que Dios está lejos de nosotros, pero aquí nos podemos dar cuenta que Él está pendiente de nosotros, Él conoce nuestra realidad, y aquí nos insta a depender de Él, a pedir su ayuda, su auxilio, pues Dios está dispuesto a ayudarnos. Pídele a Dios que intervenga tu vida, Él oye nuestra oración, ponte a cuentas con Él, abre tu corazón y ora con sinceridad, y Él te escuchará.
Pr. Herman Gajardo P.


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