“46. Viva Jehová, y bendita sea mi roca, Y enaltecido sea el Dios de mi salvación;
47. El Dios que venga mis agravios, Y somete pueblos debajo de mí;”
Salmo 18:46-47
Al ir entendiendo quién es Dios, y comenzamos a conocer su naturaleza y sus atributos, de inmediato comienza a crecer dentro de nosotros ese deseo, ese anhelo de estar más cerca de Él, permanecer y disfrutar de su Presencia en esos momentos de genuina adoración, en que nada más importa que bendecir y engrandecer su Nombre. David debe de haber experimentado una y otra vez la maravillosa Presencia de Dios en su vida, por lo cual fluían desde su corazón cánticos, y poemas plasmados de vivencias sobrenaturales. En el versículo 46, que leemos hoy, escribe: “Viva Jehová, y bendita sea mi roca”, y esas eran palabras que demostraban una explosión de sublime alegría, que David estaba experimentando al reconocer la grandeza y majestuosidad de Jehová, quien es Digno de alabanza, Digno de toda adoración.
Luego agrega: “Y enaltecido sea el Dios de mi salvación”, el anhelo de David era engrandecer al Señor, reconocer su señorío y que todos lo conocieran como realmente es. En el versículo 47, escribe: “El Dios que venga mis agravios, Y somete pueblos debajo de mí”, dándole a Dios toda la gloria de sus triunfos y se jacta de que Dios está a su favor. Hoy, al igual que David, también debemos reconocer la majestuosidad y soberanía del Señor y darle toda la honra y toda la gloria.
Pr. Herman Gajardo P.


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