“4. a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador.”
Tito 1:4
Aquí, en el cuarto versículo, recién leemos “a Tito”, identificando a quien va dirigida esta carta del apóstol Pablo, y además, lo presenta como “verdadero hijo en la común fe”; quizás Pablo engendró muchos hijos espirituales, quizás tuvo muchos discípulos que aprendieron de él, pero al igual que hoy, no todos permanecen en la fe, y muchos vuelven atrás, es posible que se queden estancados porque lo aprendido no satisfizo sus personales expectativas, ó no pudieron despojarse de cosas que se requieren para ir en pos de la santidad. Pero Tito fue un verdadero hijo en la común fe, Tito soportó las tentaciones y se mantuvo firme, Tito llegó a ser un referente para el cristianismo, Tito llegó a ser verdadero, él no transó los principios divinos, él se mantuvo firme, a pesar de la persecución, a pesar del qué dirán, a pesar de las incongruencias con las que tenía que lidiar, Tito pudo ser considerado por Pablo como un verdadero hijo en la fe.
EL inicio de esta carta, está plasmada de afecto y sensibilidad espiritual por parte del apóstol Pablo, pues le desea a su hijo, en primer lugar, gracia, de manera que la sublime gracia de Dios sea con Tito, luego agrega la eterna, y siempre presente, misericordia del Señor sobre su vida, y termina anhelando que la gloriosa paz de Dios venga sobre su apreciado hijo Tito, esa paz que trasciende nuestro entendimiento, y que Jesús asume en su real dimensión, pues la Biblia le entrega y lo reconoce con el título de Príncipe de Paz. Maravilloso Jesús, que vino a entregarnos y legarnos su fe, y con ella nosotros podemos ser más que vencedores, y ser considerados también, al igual que Tito, como verdaderos hijos en la fe.
Pr. Herman Gajardo P.


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