“1. En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.

2. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

3. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.

4. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.”

Isaías 6:1-4

Es impresionante leer la experiencia que tuvo el profeta Isaías, él narra su experiencia de ver al Señor “sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo”, dando a entender que su Presencia llenaba todo el lugar, además describe que habían serafines, los cuales poseen seis alas, con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. La actitud de los serafines que usan dos de sus alas para cubrir sus rostros, es algo que debemos siempre tener presente, el respeto a la magnífica Presencia de Dios, que ellos no se sienten dignos de poder mirar, esa actitud debemos tener hoy nosotros y postrarnos ante su Presencia.

Los serafines pronunciaban continuamente, el uno al otro,“Santo, Santo, Santo”, reconociendo la santidad del Señor, y declarándola, y ante sus voces “los quiciales de las puertas se estremecían”, era una poderosa Presencia manifiesta del Señor, que hasta el lugar físico que Isaías veía, eran estremecidos. Cuando la Presencia de Dios se hace presente, cuando nosotros exclamamos “Santo, Santo, Santo”, cuando nuestra verdadera adoración, en espíritu y en verdad son posibles, y llega hasta su Presencia, cosas poderosas deben ocurrir, todo a nuestro alrededor se debe estremecer. Si nada sucede, entonces examinemos nuestro corazón y despojémonos de todo lo que está impidiendo que su maravillosa Presencia se manifieste.

Pr. Herman Gajardo P.