“16. no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.
17. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.”
Hebreos 12:16-17
Es maravilloso leer estos versículos, y darnos cuenta que el amor de Dios sigue intacto y vigente para cada uno de nosotros, pues el deseo del Señor es que nos limpiemos de toda iniquidad, que podamos despojarnos de aquello que impide que su gracia se manifieste; en el versículo 16, de la lectura bíblica de hoy, leemos: “no sea que haya algún fornicario, o profano”, si dice “fornicario” no necesariamente se refiere al pecado sexual, sino a la contaminación adquirida por no obedecer los mandamientos y preceptos bíblicos, y asumir otras ideas o planteamientos a lo que la Palabra establece, eso es como irse en pos de otros dioses, y eso también es pecado de fornicación, el versículo también menciona “profano”, y esto se refiere a despreciar las cosas sagradas, lo que viene de Dios, y restarle la importancia que tiene.
En el mismo versículo 16, se menciona a Esaú, quien “por una sola comida vendió su primogenitura”, en otras palabras, Esaú, que era el hermano mayor de Jacob, desestimó y despreció las implicancias de bendición que conlleva el ser el hijo primogénito y, como ese día tenía hambre, la cambió por un simple plato de lentejas… quizás en más de alguna ocasión nosotros también hemos restado importancia a lo que Dios ha hecho por nosotros, como nos ha cuidado y ha estado siempre a nuestro lado, pero nosotros hemos sido desleales y hemos dejado a un lado sus promesas y bendiciones, y nos hemos abocado a buscar con nuestro esfuerzo personal el satisfacer todas nuestras necesidades… tenga Dios misericordia de nosotros y nos dé la oportunidad de arrepentirnos y ser salvos por su gracia.
Pr. Herman Gajardo P.


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