“1. Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.
2. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.”
Isaías 11:1-2
Isaí es el padre de David, por lo cual el profeta Isaías en esta ocasión escribe acerca de un futuro descendiente de Isaí, específicamente de la rama genealógica de David, el cual sería lleno del Espíritu de Jehová, de sabiduría, de consejo, de poder, de conocimiento, y de temor de Jehová, todo esto se cumplió indudablemente en Jesús.
Cuando Jesús era aún un niño, en el evangelio de Lucas encontramos la siguiente descripción: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”, demostrando con su vida que Él era de quien hablaban las escrituras. Jesús nació en Belén de acuerdo a las escrituras, los ángeles anunciaron su llegada con gran alegría, el Salvador había nacido y en ese pequeño ser estaba toda la Gloria de Dios, estaba la Presencia manifiesta de aquel que “los cielos de los cielos no lo pueden contener”.
Definitivamente, el día que nació Jesús, cambió el tiempo existencial del hombre, pues Jesús venía a salvar a la humanidad, a todas las generaciones, y rescatar lo que se había perdido, la Luz se hacía presente y las tinieblas comienzan a disiparse, a desvanecerse, a desaparecer, pues Jesús venía a quitarle al enemigo el imperio de la muerte y a hacerse cargo de las llaves de la muerte, según lo declaran las escrituras.
Pr. Herman Gajardo P.


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