“1. Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
2. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
3. ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
4. testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.”
Hebreos 2:1-4
La importancia que tiene la salvación es algo que Dios le da un énfasis muy especial, pues se trata de su propio hijo, y del cumplimiento de su plan de restauración de todas las cosas, por lo cual el autor de esta carta a los Hebreos hace hincapié en que “es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”, o sea que nada, ni nadie, puede evitar que el mensaje del evangelio sea dado a conocer, “no sea que nos deslicemos”, tiene que ver con no perder nunca nuestro enfoque y nuestra misión.
El versículo 2 es enfático en declarar que toda transgresión y desobediencia a lo estipulado por Dios, será severamente castigado, así como encontramos ejemplos de la “justicia retribución” que recibieron algunos en el Antiguo Testamento, como Acán, Saúl y muchos otros, y además nos hace una pregunta: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”... o sea si no hacemos lo que tenemos que hacer, no podremos justificarnos con excusas.
La Palabra de Salvación predicada primeramente por Jesús, luego confirmada por los que lo oyeron, y Dios mismo testificando a través de señales y prodigios que, aún en este tiempo siguen a los que con denuedo y autoridad espiritual predican de esta salvación tan grande, y los que creen son salvos y son partícipes de milagros en sus vidas y en su entorno, pues el Espíritu Santo sigue manifestándose entre nosotros con poder y autoridad respaldando nuestro cometido.
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y toda tu casa”
Pr. Herman Gajardo P.


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