“41. Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.
42. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.
43. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.
44. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje.”
1 Reyes 18:41-44
El tiempo determinado por Dios para la sequía llegaba a su fin, y el profeta Elías es enviado por el Señor a decirle al rey Acab que todo volvería a la normalidad y que una gran lluvia se avecinaba. Cuando el pueblo reconoció a Jehová como el Dios de Israel, entonces Dios vuelve a tomar su lugar de señorío y a mostrar su gloria y su poder.
En los versículos de hoy leemos que Elías le dice a Acab que una gran lluvia se avecina, el rey sube a comer y a beber, pero Elías sube al monte Carmelo a orar y a implorar a Dios por lluvia. Y envía a su criado a ver si del mar suben nubes, pero nada ocurría, el sol estaba radiante, y ninguna nube se veía, el profeta lo envía 7 veces a mirar, y a la séptima vez el criado vuelve diciendo que lo único que ve es una pequeña nube, del tamaño de la mano de un hombre, entonces Elías se levanta y le envía a decir al rey que suba en su carro y que se vaya rápido para que la lluvia no lo ataje.
Cualquiera diría que Elías fue exagerado, cuando lo único que había en el cielo era una pequeña nube, pero muy rápidamente una gran lluvia llegó, y la sequía terminó. La fe de Elías siempre fue respaldada por Dios. Y tu fe y mi fe en Él siempre tendrá la garantía de una respuesta. Nuestro clamor no será en vano si nuestra fe está puesta en el Dios de lo imposible.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.