“4. Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.”
Salmo 27:4
Demandar tiene que ver con pedir, con solicitar, con exigir, con reclamar, y el Rey David usa aquí ese término para explicar en este escrito lo que su corazón y su alma le reclaman al Señor, y dice: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré…”, de manera que podamos entender con qué pasión David se dirige a Dios, sabiendo que el Señor examina nuestro corazón y sabe con qué pureza e integridad clamamos a su Nombre, además, la frase “ésta buscaré”, denota la vehemencia y el enfoque de su alma, para insistir en buscar lo que todos necesitamos. Que tremendo ejemplo nos deja David, de manera de insistir y persistir en nuestra búsqueda del rostro del Señor. Y este énfasis de David tiene que ver con entrar en la Presencia del Señor, y disfrutar en los brazos del Padre, y el versículo dice: “Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida”, y eso tiene que ver con estar en el lugar santísimo, donde habita Dios, en su maravillosa Presencia.
Luego explica lo que anhela su alma, y escribe: “Para contemplar la hermosura de Jehová”, y su hermosura no tiene que ver con su apariencia física, pues Dios es espíritu, sino más bien con contemplar su Palabra y lo que las escrituras, en ese entonces profetizaban acerca del Mesías, de quién David mismo, sin saber más detalles, profetizó acerca de muchas situaciones que posteriormente se cumplieron en Jesucristo, pero que a él se lo reveló es Espíritu Santo, y esas experiencias, David las anhelaba vivir a diario, constantemente, y disfrutar el contemplar su Presencia. El versículo termina con la frase: “y para inquirir en su templo”, inquirir, según el diccionario es “Tratar de llegar al conocimiento de una cosa”, y en el Templo estaban las escrituras, y seguramente a David le atraía, le seducía el leer y estudiar la Palabra escrita. Un hermoso desafío para nosotros de buscar cada día el rostro del Señor.
Pr. Herman Gajardo P.


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