“6. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
Isaías 9:6
Este versículo que leemos hoy, es uno de los más trascendentales, y representativos de la relevancia profética de Isaías en relación al Mesías prometido, pues no solo nos enseña acerca de su nacimiento, sino también acerca de quién es este Niño, y los títulos que ostenta desde siempre. El versículo nos dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado”, y de inmediato lo describe como un bebé que nos nace, a nosotros, simples mortales, pecadores, viviendo en tinieblas, sin comprender la grandeza de quien es este Niño, pero que nace entre nosotros, en medio de una época en que el pueblo de Judá estaba oprimido bajo el imperialismo Romano, y más que nunca anhelaban un Salvador, y “un hijo nos es dado”, el hijo de Dios, que es llamado el hijo del hombre, es Dios mismo entre nosotros, es Emanuel, quien poseía “el principado sobre su hombro”, es el heredero de todo lo que existe.
Luego, el versículo agrega: “y se llamará su nombre Admirable”, el mismo nombre con el cual se presentó a Manoa, el padre de Sansón (Jueces 13:18), luego dice: “Consejero”, el nombre con el cual conocemos al Espíritu Santo, después agrega: “Dios Fuerte”, era Dios mismo, pero “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Filipenses 2:6), luego dice: “Padre Eterno”, solo Él es nuestro padre, “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mateo 23:9), y el versículo termina con el título divino de “Príncipe de Paz”, pues solo Jesús es nuestra paz. Todo lo que necesitamos en nuestra vida es conocer a Jesús, pero personalmente, no solo porque hemos oído hablar de Él podemos decir que lo conocemos, el mundo, gobernado por quien se opone a Dios y a su Palabra, una y otra vez intenta tergiversar quién es Jesús, minimizando su poder y su autoridad, pero solo Jesús es nuestro Redentor, solo Él es nuestro Salvador.
Pr. Herman Gajardo P.


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