“8. Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;”

1 Pedro 3:8

En este versículo que leemos hoy, el apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, nos insta a “ser todos de un mismo sentir”, lo cual es vital e imprescindible para la manifestación tangible de la gloria del Señor en cada uno de nosotros. En los inicios de la iglesia, como se describe en el libro de los Hechos, nos dice que: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos”, y esto nos ratifica que, para que Dios continúe adelante con sus propósitos, es necesario que nosotros estemos en un mismo sentir. David, al respecto escribió: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1). El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia en Filipos, escribió: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5), enseñándonos que debemos imitar siempre a Jesús en nuestra vida.

Luego, el versículo continúa describiendo los frutos o consecuencias de estar en un mismo sentir, y nos escribe: “compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables”, glorioso sentir que solo podemos experimentar estando totalmente comprometidos con Cristo, en obediencia y lealtad a sus preceptos.

Pr. Herman Gajardo P.