“3. Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.
4. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
5. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.”
Juan 11:3-6
El inicio de algo grande, no siempre es lógico, ni obvio, es más bien inesperado, las condiciones no son las óptimas, ni las que esperamos que se vayan gestando. Y eso, Jesús lo tenía muy claro, Él sabía lo que estaba por suceder, Él sabía de qué se trataba todo, pero a Él solo le importaba darle la gloria a Dios, su objetivo era honrar a su Padre, y para magnificarlo aún más, dilata un poco el cuándo todo debe suceder. En todo lo que Él hacía debía haber una enseñanza, un principio del reino, del cual Él era su representante.
Las hermanas de Lázaro le mandan a decir a Jesús que Lázaro estaba muy enfermo, que por favor fuera a sanarlo, lo cual para todos era una petición obvia y seguramente Jesús dejaría todo de lado e iría donde su amigo, pero no fue así, Jesús les dice a los discípulos que esta enfermedad de Lázaro “no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”… Jesús estaba tramando un milagro… y decide quedarse dos días más allí.
Muchas veces pensamos que debemos incrementar nuestra oración para mover la mano de Dios a nuestro favor, buscamos resquicios bíblicos para que nuestra petición sea respondida, y ponemos todo nuestro énfasis y nuestro empeño en lograr que Dios obre a nuestro favor… pero el énfasis de Jesús no era el milagro en sí, sino el que Dios fuese glorificado… quizás debemos recordar eso cuando clamamos a Dios por una respuesta, de manera que no impere en nosotros el lograr un resultado favorable a lo que necesitamos, sino más bien que su Nombre sea glorificado. Un milagro Dios tiene preparado, pero en su tiempo, y bajo sus preceptos.
Pr. Herman Gajardo P.


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