“2. Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.”

Salmo 27:2

En este versículo que leemos hoy, el Rey David abre su corazón y comparte por escrito algunas de sus vivencias personales, y le da la gloria y la honra al Señor, pues en toda ocasión adversa por las que tuvo que pasar, Dios siempre estuvo a su lado para animarlo, fortalecerlo, y haciéndole ver que solo debía confiar en Él, pues Dios siempre está al control de todo. David desde pequeño se tuvo que enfrentar al peligro, como cuando cuidaba las ovejas de su padre, y las tenía que defender de ataques de osos y de leones (Samuel 17:34-36), después cuando fue contratado por el rey Saúl para tocar el arpa en el palacio, Saúl intentó matarlo con una lanza y tuvo que arrancar, después Saúl lo persiguió insistentemente para eliminarlo, también tuvo muchos otros enemigos que lo odiaban, quizás por eso escribe en este versículo de hoy: “Cuando se juntaron contra mí los malignos”, los malos, los perversos, los que traman cosas malas, los que se rebelan a los principios y mandamientos de Dios, de la misma manera que lo hacen hoy.

Luego agrega: “mis angustiadores y mis enemigos”, identificando lo que son y lo que hacen los malignos, los libertinos, los que no se sujetan a las autoridades, los que se levantan en nuestra contra por causa del evangelio. Después dice: “para comer mis carnes”, dando a entender que quienes lo atacaban, solo querían destruirlo, aniquilarlo, silenciarlo, pero lo que ignoraban sus enemigos, y todos aquellos que lo atacaban, era que sus planes serían frustrados, pues el versículo termina con la siguiente afirmación: “ellos tropezaron y cayeron”, y eso se debe a que nuestra Roca es el Altísimo, que estamos bajo su cobertura y su protección, pues, de la misma manera que Dios protegió a David, también hoy nos protege a los que confiamos en Él.

Pr. Herman Gajardo P.