“ 1. El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros,

2. con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?

3. Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero.

4. Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró.

5. Y llamaron el nombre de aquel lugar Boquim, y ofrecieron allí sacrificios a Jehová.”

Jueces 2:1-5


El capítulo 1 de Jueces narra acerca de la conquista de diferentes ciudades y territorios que Dios había entregado en manos del pueblo de Israel, pero también dice que Judá, Caleb, Neftalí, Benjamin, José, y la mayoría de las tribus que componían el pueblo de Israel, no arrojaron a la totalidad de los moradores de sus ciudades y a muchos les permitieron quedarse a vivir allí entre ellos. Quizás haya sido un acto de bondad, de benevolencia, o cómo se estila hoy día, de derechos humanos. Pero la orden de Dios les había sido dada y lo que tenían que hacer era obedecerla. Cuando Dios establece algo, nadie, ninguno de nosotros puede hacer otra cosa, aunque en apariencia sea mejor.


Los versículos leídos en el capítulo 2, relatan que vino el ángel de Jehová y les recuerda que Dios les había dicho que Él jamás invalidaría su pacto de bendición, pero que ellos no podían pactar con los moradores de esas ciudades y además debían derribar los altares de sus dioses. Lamentablemente ellos no habían hecho así, y les permitieron quedarse a vivir con ellos e incluso aceptaron a sus dioses y no derribaron esos altares.


Nuestra desobediencia siempre traerá consecuencias. En el caso de los israelitas el castigo fue que tendrían que soportar siempre a esas personas entre ellos y además “serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero”, les dijo el ángel. Los israelitas reconocen su error y lloran, tanto que el lugar donde ocurre esto le ponen por nombre “Boquim”, que significa “Lugar de llanto”.


Lo mejor siempre será el obedecer al Señor y seguir sus indicaciones, para evitarnos momentos de tristeza, que a veces ni siquiera entendemos, pero que son las consecuencias de nuestro mal proceder. Dios es misericordioso y si nos ponemos a cuentas con Él, tengamos por seguro que Dios nos fortalecerá y nos ayudará a pasar por esas dificultades, pero solo confiando en Él.


Pr. Herman Gajardo P.