“1. Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

2. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”

Santiago 3:1-2

En las leyes del mundo, está estipulado que si alguien, que representa a una institución del estado, ya sea una autoridad gubernamental, política, educacional o policial, si llegara a transgredir alguna ley, la justicia aplica una mayor sanción pues ellos deben ser ejemplos de probidad. En el caso de ser una autoridad eclesiástica esto es con mayor razón, pues quienes cumplimos una labor de enseñar las verdades bíblicas, debemos saber guiar y también ser referentes de lo que enseñamos, de no ser así no solo recibiremos el oprobio de nuestros discípulos, alumnos, congregación, o nuestros pares, sino que también seremos juzgados por Dios mismo, pues Él nos envía a compartir su Palabra con mansedumbre, con humildad, y obviamente siendo ejemplos como nos dice en 1 Pedro 5:2-3 “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”.

En los versículos que leemos hoy, la Palabra nos enseña que todos ofendemos, y “Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”, por lo cual, tengamos o no tengamos autoridad sobre otros, de igual manera debemos procurar no ofender a nadie, pues vamos “camino a la perfección” (Hebreos 6:1), y esto siempre y cuando después de haber oído el evangelio de salvación, debemos obedecerlo  cumpliendo sus enseñanzas, pues el Señor está con nosotros para guiarnos.

Pr. Herman Gajardo P.