“19. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,”
Hechos 3:19
Hemos comenzado este nuevo año hablando de las promesas de bendición que Dios tiene para nosotros, los que confiamos y dependemos de Él, pero, si bien es cierto que todas sus promesas siguen vigentes para todos quienes creen en Dios, no basta con solo saberlo, pues lo que verdaderamente anhelamos es experimentar cada una de sus bendiciones en nuestras vidas, en nuestra familia, en nuestros trabajos, en nuestro entorno de vida, de manera de demostrar que las bendiciones del Señor son parte de nosotros.
Pero el versículo que leemos hoy, comienza con una declaración tajante: “arrepentíos y convertíos”, haciendo un severo llamado de atención a no sólo buscar y esperar las bendiciones y la protección del Señor, sino también a arrepentirnos de nuestros malos caminos, de nuestra indolencia a lo que la Palabra nos enseña, y tomar en serio el Evangelio, a no seguir iguales, sino a demostrar con nuestro accionar que Dios ha cambiado nuestra vida, que ya no somos los mismos, ahora somos hijos de Dios, nuestra vida ha experimentado una conversión.
El versículo termina diciendo que esto es “para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”, entonces, si queremos que nuestra vida experimente tiempos de refrigerio, que es lo que necesitamos en medio de estos tiempos convulsionados que nos ha tocado vivir en este mundo, por lo cual, debemos replantearnos nuestra postura ante las enseñanzas y mandamientos bíblicos, los cuales debemos estar dispuestos a obedecer y a cumplir, pues solo así podremos disfrutar “tiempos de refrigerio” que vendrán directamente desde la Presencia del Señor.
Pr. Herman Gajardo P.


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