23. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.

Judas 23

El predicar el evangelio tiene una connotación que va mucho más allá de lo que nosotros podemos entender, el apóstol Pablo en su carta a los Romanos nos dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”, por lo cual, en el versículo de hoy, leemos que con mucha vehemencia el apóstol Judas Tadeo nos insta a dar a conocer el evangelio, diciéndonos: “A otros salvad, arrebatándolos del fuego”, pues el fin que les espera a los que no creen en Dios, lamentablemente es la muerte eterna en el “fuego que no se apaga” (Marcos 9:43), el apóstol Judas Tadeo nos deja por escrito su lamento, su pena, su congoja, en relación a que él no puede arrebatar del fuego a muchos, y nos insiste en que pongamos nosotros todo nuestro empeño en librar a muchos del infierno; esto es predicar el evangelio “a tiempo y fuera de tiempo” (2 de Timoteo 4:2).

Luego el versículo nos enseña: “y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne”, pues hay muchos que se perderán, pues no quieren creer, o quizás han creído y se han apartado, o simplemente no quieren saber nada porque se han decepcionado de Dios al haber vivido algo lamentable, y pueden existir muchas razones, pero que al final solo son engaños del enemigo para evitar que muchos puedan ser salvos, por lo cual el apóstol que escribe esta carta nos pide, nos insta, a “tener misericordia” por ellos, y agrega “con temor”, pues Dios un día nos preguntará a nosotros si cumplimos nuestro deber, nuestro ministerio, si teniendo oportunidad les hablamos de Dios y de su Plan de Salvación para la humanidad. Hoy todavía tenemos la oportunidad de librar a alguien del infierno, procuremos hablarles del evangelio.

Pr. Herman Gajardo P.