“4. Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.

5. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.

6. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.”

Juan 21:4-6

Pedro y otros seis discípulos, habían decidido volver a su antiguo oficio de pescadores, se subieron a una barca y afanosamente, durante toda la noche intentaron pescar algo, pero nada pudieron pescar. Abrumados por todo lo que estaban viviendo, ahora se sumaba el hecho de que todo su esfuerzo es infructuoso, y ya comenzaba a amanecer, y de repente alguien que estaba en la playa, les grita y les pregunta: ¿tenéis algo de comer?…

Cuando todo parece oscuro, cuando es difícil ahogar la rabia y la incertidumbre, después de tanto trabajo durante toda una noche, y más encima alguien te pide si tienes algo para comer, ¿qué responderle?, pues la verdad, ¡NO! le gritan… pero el hombre les dice: “¡Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis!”… ¿qué?, ¿quien es este, para sugerirle a unos pescadores reconocidos lo que tienen que hacer?, ¡lo han intentado toda la noche!, y nada les ha resultado…

Pero nada tenían que perder, y lo hacen, y ¡la sorpresa fue tremenda!, ¡no podían sacar la red, por la gran cantidad de peces!, el asombro era enorme, lo inesperado de ver tantos peces les devolvió la sonrisa… nadie se acordó del hombre que les dijo qué hacer, o cómo hacerlo, solo había regocijo en ellos por lo acontecido, Pedro no se acordó que cuando conoció a Jesús también ocurrió una pesca milagrosa, nadie enfatizó en que sólo Jesús marca una diferencia… pero, ¿quién estaba en esa playa?…

Pr. Herman Gajardo P.