“1. Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
2. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.”
Salmo 18:1-2
Las más sinceras y genuinas palabras de amor que brotan de un corazón agradecido, como las que leemos en estos versículos de hoy, nacen con mucha sinceridad después de vivir y experimentar alguna situación adversa y complicada, que no podemos enfrentar, pero al ver la mano sobrenatural del Señor moviéndose a nuestro favor, entonces todo cambia, y la alegría, el gozo que pensamos perdido, vuelve a invadir nuestro ser entero, y podemos exaltar su Nombre y declarar que “en tu mano está la fuerza y el poder, Magnífico Dios…”, como dice una canción nueva que estamos entonando en nuestra congregación Corbán, y es que al experimentar situaciones difíciles, y darnos cuenta que no está en nosotros la capacidad para salir de ellas, confiamos y esperamos en Dios, y Él oye nuestro clamor.
En el versículo 1, el salmista declara su amor a Dios, y señala que solo Él es su fortaleza, luego, en el versículo 2, comienzan a brotar desde su corazón palabras de reconocimiento de la formidable grandeza de nuestro gran Dios, pues solo Él puede librarnos de toda adversidad, solo Él es nuestro refugio, solo Él tiene la salida preparada, y esto para que tú y yo reconozcamos que solo Él se merece toda la honra y toda la gloria. Maravilloso Señor. Magnífico Dios.
Pr. Herman Gajardo P.


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