“1. Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.

2. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.

3. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.

4. Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron.

5. Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte.

6. En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.”

Salmo 18:1-6

El salmista David, escribe este Salmo desde el fondo de su corazón, es imposible no sentirse tocado y emocionado por cada palabra y cada frase descrita en cada versículo, es un verdadero poema de reconocimiento personal de quien es Dios, y cómo no amar a quien es nuestra fortaleza, nuestra roca, nuestro castillo, nuestro libertador, nuestro escudo, nuestro Salvador, nuestro alto refugio... solo Él es digno de ser alabado.

En Dios nos sentimos a salvo de nuestros enemigos, y aunque la muerte nos aceche, y ríos impetuosos de perversidad nos atemoricen, sus promesas de bendición y cuidado, sobrepasan a nuestros pesares, y su Presencia dulce y maravillosa nos llena de paz en medio de cualquier adversidad.

En el versículo 6 encontramos que el salmista narra preciosas experiencias de vida, vividas en momentos o situaciones de angustia, quizás similares a las que muchos de nosotros nos ha tocado vivir, pero también nos enseña que nuestro clamor, Dios no lo pasa por alto y se detiene a escuchar nuestra voz, y nuestra oración es escuchada, y también será respondida. Usted y yo, podemos seguir confiando en Dios, Él nunca nos defraudará. Te amo, oh Jehová.

Pr. Herman Gajardo P.