“24. Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.”
Salmo 139:24
Este versículo que leemos hoy, es el último de este hermoso salmo escrito por David, y aquí vemos que insiste en conocer su condición delante del Señor, y le pide, le ruega, lo conmina, a sondear su corazón… realmente David tenía un corazón contrito y humillado, dispuestos ser moldeado por el Señor, dispuesto a escuchar la voz de Dios hablándole, dispuesto a cambiar todo lo que al Señor no le agrade, dispuesto a mantenerse en santidad. Esta buena disposición de David, es lo que necesitamos aprender, para poder agradar a Dios, pues no basta nuestra buena intención, debemos aprender a ser adoradores de día y de noche, en tiempos buenos y en tiempos malos, que nuestro corazón no varíe según las circunstancias.
El versículo dice: “Y ve si hay en mí camino de perversidad”, David se expone abiertamente a que Dios lo analice, lo estudie, lo cuestione, de manera que Dios vea si encuentra algo que esté contaminando su corazón, sus pensamientos, sus intenciones, y muy sinceramente expone su planteamiento de ser aprobado. En la segunda parte del versículo, David deja todo en manos de Dios y dice: “…Y guíame en el camino eterno”, de manera que Dios tome el control total de su vida, que Dios tome su mano, que Dios lo guíe y le indique los pasos que tiene que dar. Qué hermoso ejemplo de humildad y honestidad que David nos deja, que tremendo referente tenemos para imitar y dejar que Dios nos guíe cada día, hasta llegar victoriosos a encontrarnos con Él.
Pr. Herman Gajardo P.


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