“4. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.”

Salmo 23:4

Que agradable es leer este versículo de hoy, pues el autor lo declara con mucha seguridad, y eso, es debido a que él ya lo había experimentado en su vida, incluso desde niño, pues cuando David era pequeño, su padre lo había puesto como encargado de las ovejas de la familia, y fue en esa labor que aprendió a confiar en Dios para enfrentar todo tipo de peligros que acechaban a las ovejas, las cuales eran su responsabilidad, y allí aprendió a pelear con animales salvajes, allí moldeó su carácter, allí afloró en él el solo confiar en Dios, pues nada ni nadie podría librarle de tantas circunstancias adversas. El versículo comienza diciéndonos: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”, y eso, nos demuestra y nos enseña, que David cuando tuvo que pasar por dificultades, él no tenía miedo, él tenía su confianza puesta en Dios.

Luego, el versículo termina con la siguiente declaración: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”, o sea, el bastón que usan los pastores para ordenar, separar, y guiar a las ovejas, aquí David lo considera como una herramienta que infunde aliento, y no como algo que castiga, así también es la Palabra de Dios, pues su lectura nos da la cobertura y seguridad que usted y yo necesitamos. Bendito sea el Señor.

Pr. Herman Gajardo P.