“8. Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.”
Salmo 139:8
David se deleitaba escribiendo salmos, pues serían canciones que todos cantarían, por lo cual, procuraba siempre declarar verdades y vivencias en cada verso que escribía, pues las maravillosas experiencias obtenidas al alero y protección del Señor eran, y son hasta hoy, realmente impresionantes y conmovedoras, David desde niño conoció el poder de Dios y aprendió a fortalecerse en el Señor, y a confiar en sus promesas. Su relación personal con Dios era tan fuerte, que se transformó en un referente para todos nosotros; él sabía que Dios era todopoderoso y también benigno y misericordioso. También sabía de la majestuosidad de Dios, y respetaba y temía a su grandeza, por lo cual alababa y adoraba al Señor no importando la circunstancia.
En el versículo que leemos hoy, David escribe: “Si subiere a los cielos, allí estás tú”, David, hablando acerca de la creación del universo, escribe en otro Salmo: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste…” (Salmo 8:3), reconociendo a Dios como el Creador, y sabe que Dios está por sobre su creación, y en todas partes. Luego el versículo agrega: “Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás”, y con esto, entendemos que Dios también tiene supremacía aún en el Seol, en lugares de muerte, en medio de la oscuridad (Éxodo 20:21), de la misma manera que está presente en medio de su luz admirable, porque definitivamente no existe lugar en que Dios no esté. Acércate a Dios, Él espera por ti.
Pr. Herman Gajardo P.


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