“22. Los aborrezco por completo; Los tengo por enemigos.”
Salmo 139:22
En el versículo que leemos hoy, el salmista David continúa expresando lo que su corazón siente en relación a quienes desechan el creer en Dios y obedecer sus mandamientos, y aborrecen las enseñanzas bíblicas. Aquí podemos ver que David enfatiza: “Los aborrezco por completo…”, y usa esta frase para decirle a Dios que él no es como esas personas, pues él le ha conocido, él ha experimentado su gracia, su misericordia, que él tiene otra opinión de Él, la cual es muy diferente a la de aquellos que solo han oído hablar de Dios, pero que no le conocen, que no han sentido su Presencia protegiéndolos, que nunca han recibido una respuesta a sus peticiones, y por eso hablan en contra de Dios, y en vez de acercarse a Él, determinan alejarse.
Luego, el versículo agrega: “…Los tengo por enemigos”, y esta declaración de David, que parece muy agresiva, es nada más y nada menos que el mismo sentir que sentimos nosotros hoy, los que hemos conocido a Dios, porque Él se ha acercado a nosotros con su gran misericordia, y nos ha mostrado el camino para volver a casa del Padre, y sacarnos de la oscuridad que vivimos por causa del pecado en nosotros, el camino se llama Jesucristo, y Él también es la verdad, y la vida, la verdadera vida, la que es eterna. El apóstol Juan nos dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).
Pr. Herman Gajardo P.


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