“1. Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. 2. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; 3. y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. 4. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5. Porque ni aun sus hermanos creían en él.”
Juan 7:1-5
Es interesante leer este párrafo bíblico, pues nos muestra a Jesús hombre, con sentimientos similares a nosotros, con miedo a los judíos que procuraban matarlo, con problemas familiares, específicamente con sus hermanos, quienes procuraban que no se quedara en casa, quizás porque tenían miedo a los judíos que buscaban a Jesús, y que también les hicieran daño a ellos.
Los versículos nos dicen que Jesús no quería andar en Judea y andaba en Galilea predicando, pero estaba cerca una fiesta que celebraban los judíos, llamada la fiesta de los tabernáculos, en que las familias se reunían en tabernáculos, tiendas o ramadas, en recordatorio de cómo sus antepasados vivían en carpas en su peregrinaje por el desierto, por lo cual los hermanos de Jesús le piden que vaya a Judea para que sus discípulos lo vieran en acción allá, a pesar de lo que podía sucederle.
Incluso le dicen que no debe hacer en secreto las obras que hace, sino que debe darse a conocer al mundo. Quizás más de alguno de los lectores pensará que no estaba mal lo que sus hermanos le sugerían, que los milagros y el evangelio debe ser conocido por todos, pero Jesús sabía el porqué le pedían esto, ya que, como dice el versículo 5: “Porque ni aun sus hermanos creían en él”, entonces sólo era una artimaña de ellos para que no estuviera en casa, ni estuviera con la familia al celebrar la fiesta de los tabernáculos.
Quizás esto lo viven hoy en carne propia muchos que han decidido seguir a Cristo y predicar el evangelio en este tiempo, a pesar de sus amistades, a pesar de su familia, los cuales no creen en sus predicaciones, y prefieren tenerlo lejos, y evitan que participe en sus fiestas, aduciendo que él (o ella) es evangélico y se dedica a esas cosas. Que pena por aquellos que se rehusan a creer en el evangelio, porque es poder de Dios que salva de la muerte eterna.
Pr. Herman Gajardo P.



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