
“9. Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones;
10. no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.”
Tito 2:9-10
La esclavitud, en esta época que estamos viviendo, no existe, pero cuando fue escrita esta carta, la esclavitud era algo permitido por las leyes imperantes en ese entonces. Jesús vino a cumplir su misión de salvación en un tiempo complicado, política y socialmente, los judíos y muchas naciones estaban subyugados bajo el imperio Romano que en ese entonces dominaba, y Dios escogió ese tiempo para enviar al Salvador, y Dios sabe lo que hace, y en su Soberanía, Él determina el cumplimientos de los tiempos. Y, como las buenas noticias de la Salvación, son para todo el mundo, tanto judíos como extranjeros, libres y esclavos, podemos tener acceso a la vida eterna. Por lo mismo, aquí, en estos versículos que leemos hoy, el apóstol Pablo, le aconseja a Tito: “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos”, los siervos de entonces eran esclavos, y el descontento con sus amos era generalizado, pero ahora, en la nueva vida en Cristo, ellos necesitaban saber lo que Dios esperaba de ellos, aún o a pesar de su condición de siervo, sin derechos, muy diferente a los que hoy tienen los obreros o trabajadores.
Y el consejo del Señor, a través de Pablo es que, a pesar de la situación que estemos viviendo, debemos sujetarnos a nuestros empleadores, jefes, gerentes o dueños de la empresa en la cual prestamos servicio, pues Dios conoce nuestra situación, y Él espera que obedezcamos sus instrucciones: “que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo”, o sea, la voluntad de Dios es que en nuestros respectivos trabajos sigamos siendo referentes de Cristo, pues nuestra vida ahora está en sus manos y Él es nuestro sustento, y mientras esperamos su venida “en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”, que no perdamos nuestro objetivo, y que sigamos siendo fieles a sus enseñanzas.
Pr. Herman Gajardo P.


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