“1. Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
2. Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.”
Salmo1:1-2
El compendio de cánticos de alabanza y adoración al Señor, escritos en versos y poemas, en la Biblia se llama el libro de los Salmos, la mayoría de ellos fueron escritos por David, pero hubieron muchos otros que también quedaron en esta recopilación, como Moisés, Salomón, Asaf, Hemán y otros. Lo interesante que encontramos en este primer salmo que leemos hoy, es que comienza con la palabra “bienaventurado”, que significa “feliz”, lo cual valoriza la temática de los cánticos al Señor, pues si Dios es el centro de nuestros pensamientos, entonces el fin de nuestra alabanza y adoración siempre será agradar y bendecir al autor de nuestras vidas y la felicidad será nuestra aliada.
El salmista escribe aquí, que son bienaventurados, o felices, aquellos que no andan en “consejo de malos”, y agrega que tampoco anduvieron en “camino de pecadores”, o sea que, para alcanzar la felicidad (que es Cristo) debemos cuidarnos de aquellas malas compañías, pues nos alejan de las ordenanzas que la Palabra nos enseña, además, el primer versículo termina diciéndonos: “Ni en silla de escarnecedores se ha sentado”, en otras palabras, no debemos ser partícipes con ellos de sus conceptos, de sus filosofías, las cuales son contrarias a sus mandamientos, y debemos siempre meditar en nuestros caminos, de manera que siempre nuestra prioridad sea el agradar a Dios.
El versículo 2 nos enseña que, la ley de Jehová, sus preceptos y sus mandamientos, deben ser nuestra delicia, debemos aprender a amar su Palabra, y a conmovernos al conocer su gran amor y misericordia por nosotros, y además en ella debemos meditar de día y de noche, o sea todo el tiempo, que su Palabra sea la luz que alumbre nuestro caminar, que no tomemos ninguna decisión personal, o familiar, o laboral, o ministerial, sin antes consultar la buena voluntad de Dios que está escrita en las sagradas escrituras.
Pr. Herman Gajardo P.


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