“6. Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.
7. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”
Hebreos 12:6-7
La disciplina es un acto de amor, esto se considera así por la meta que se desea alcanzar, puede ser personal si alguien se establece a sí mismo normas y reglas a cumplir para lograr un objetivo, como un deportista, un estudiante, o alguien que desee ahorrar dinero para adquirir algún bien; la disciplina también puede ser establecida en los hogares, o familias que la adoptan para que sus hijos alcancen los objetivos establecidos de antemano, cumplimiento de tareas, de horarios, o de comportamientos, todo esto también se establece en las empresas, las cuales establecen disciplinas a cumplir, como metas de producción, de ventas o de atención al público; por lo mismo, las sagradas escrituras le dan una especial importancia a la disciplina, al cumplimiento de los mandamientos y preceptos de Dios para quienes han creído en Él y viven de acuerdo a sus enseñanzas. Los discípulos obtienen ese nombre por querer aprender, y la disciplina es el orden necesario para poder aprender.
En el versículo 6 del párrafo bíblico que leemos hoy nos dice: “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo”, o sea, porque Dios nos ama Él establece disciplinas, y castiga a aquel que considera su hijo, al salirse de la disciplina por Él establecida, pero también nos enseña a ver más allá, o sea con altura de miras, y en el versículo 7 leemos: “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”, aclarándonos la importancia de tener, respetar y cumplir su disciplina. Si un padre no disciplina a su hijo, es porque no lo ama, y este no alcanzará ningún objetivo de vida. Procuremos siempre ser guiados por el Señor.
Pr. Herman Gajardo P.


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