“ 14. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

15. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

16. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

Mateo 5:14-16


En Chile estamos viviendo días de incertidumbre, es un tiempo de espera a algo que se está preparando en lo político, y en lo social, de tal manera de causar temor, ante un posible rebrote de violencia, y además estamos en una campaña para aprobar o rechazar una nueva constitución, por lo cual el ambiente es tenso, aún en quienes nos denominamos cristianos, pues no hay un consenso al respecto, y todo esto trae divisiones, desconfianza mutua, y no se ve nada claro.


Quizás por eso, los versículos que leímos nos vienen a recordar quienes somos nosotros, los redimidos por su sangre, los que fuimos salvados debido al sacrificio de Jesús en esa cruz. La Palabra siempre viva y eficaz nos dice que “somos la luz del mundo”, por lo cual debemos alumbrar de manera que quienes caminan en oscuridad puedan puedan ver la luz. Esto se trata de que nos vean a nosotros como referentes de Cristo, y no de una postura ideológica o política frente a la actual contingencia social. Nuestro mensaje es Cristo, nosotros predicamos el evangelio, nosotros ya no somos del mundo, Dios nos sacó del mundo y de sus filosofías, de sus políticas y de sus metas, cuyo fin es muerte y perdición.


Por esto mismo nuestro objetivo es alumbrar la luz de Cristo, no nos podemos esconder, que la Palabra en nosotros alumbre y aclare el camino a seguir. Nuestra vida no está aquí, está en Cristo. Dios trae seguridad, trae consuelo, trae gozo, trae bendiciones, pero debemos creer en Él y en su Palabra, debemos declarar quien es Dios, de tal manera que le conozcan a Él, y puedan ser libres de la esclavitud del pecado que reina en las tinieblas. Nosotros al ser luz, hacemos retroceder las tinieblas, y esto produce una confrontación espiritual, pero Dios está con nosotros para fortalecernos y hacernos más que vencedores. Dios nos bendiga.


Pr. Herman Gajardo P.