“13. Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior,

14. ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.”

1 Pedro 2:13-14

Nuestra naturaleza humana se resiste a someterse, más bien no queremos ninguna autoridad sobre nosotros, el anhelo de sentirnos con la libertad de hacer lo que a nosotros nos parece bien es lo que prima en cada uno de nosotros; como ejemplo tenemos a los niños pequeños, a quienes les es más fácil, y divertido para ellos, el hacer lo contrario que un adulto le pide hacer, si le decimos no apagues la luz, él la apaga, si le decimos bájate de allí que te puedes caer, no se bajan, si le decimos que se coma la comida, no se la come, y así un montón de ejemplos que usted también puede citar, y esto lo consideramos como normal en esa edad, pero nos equivocamos, pues el desobedecer lo establecido y rebelarnos a nuestras autoridades es un mal que está siempre al acecho, y esto es por causa del pecado que mora en nosotros.

Y porque Dios nos conoce y sabe de nuestras falencias, es que las sagradas escrituras están llenas de mandamientos, y ordenanzas para nuestro proceder, como lo que leemos en estos versículos de la lectura bíblica de hoy: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana”, y entendemos con esto que debemos someternos, ya sea a autoridades políticas, judiciales, eclesiásticas, escolares, laborales, y esta enseñanza comienza, o debe comenzar, en nuestros hogares, el respeto y honra a los padres, la sujeción de los hijos a las directrices y enseñanzas de sus padres, mayormente si los padres son temerosos de Dios y les inculcan las enseñanzas bíblicas, de no ser así, entonces estamos obligando a quienes ejercen autoridad a que se enfrenten a una generación sin fundamentos sólidos, sin principios, sin escrúpulos, rebeldes, anárquicos. Solo sometiéndonos a Dios primero, podremos ver cambios en nuestra forma de vivir.


Pr. Herman Gajardo P.