“26. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.”

Hechos 18:26

Estamos hablando de Apolos, un judío que enseñaba las escrituras con mucha pasión y fervor, pero que aún no conocía el maravilloso poder del Espíritu Santo, pues solo había sido bautizado con el bautismo de Juan (vv 25). A veces pensamos que lo estudiado y aprendido hasta ahora, sumado a nuestra habilidad para transmitir lo que hemos entendido, es suficiente para emprender nuestro ministerio al servicio del Señor, pero aquí podemos darnos cuenta que Dios siempre tiene algo nuevo para enseñarnos, y para lo cual debemos tener una actitud humilde y moldeable, de lo contrario nuestro ímpetu nos llevará a hacer lo que a nosotros nos parece bien, y eso, solo nos lleva a actuar con soberbia y sin un direccionamiento adecuado, lo cual Dios obviamente desecha.

Por lo tanto, si nos disponemos en las manos del Señor, podremos fácilmente sujetarnos a nuestras autoridades, las cuales Dios enviará a nosotros, de la misma manera que Dios dispuso a Aquila y Priscila para guiar a Apolos en su cometido. Apolos llegó a ser muy importante en el establecimiento de las iglesias de Éfeso y de Corinto, e incluso hay quienes piensan que él pudo haber escrito la carta a los Hebreos. David un día escribió: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17), y así debe ser siempre nuestra disposición para ser buenos ministros del Señor.

Pr. Herman Gajardo P.