“1. En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
2. Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
3. y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
4. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.
5. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.”
Mateo 18:1-5
El asunto de ser el mayor en el reino de los cielos, era algo que anhelaban los discípulos, y se lo hicieron saber a Jesús, pero la respuesta del Señor fue inesperada: “si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”, o sea, en primer lugar, para entrar al reino de los cielos debemos ser como niños, y en segundo lugar, para ser el mayor, debemos humillarnos como un niño. Es muy interesante que el ejemplo que usa el Señor sean los niños, los cuales Él considera un referente a seguir, y esto es básicamente por la inocencia, y carencia de maldad qué hay en ellos.
En muchas partes, la Biblia enfatiza que Dios escudriña nuestros corazones, y los niños son abiertamente sensibles a lo afectivo, son amigables entre ellos, no hacen distinción de razas, ni de status social, son honestos, se preocupan de cumplir lo que prometen, comparten sus pertenencias, y además Jesús destaca la cualidad que tienen para aceptar una humillación sin que les afecte, y perdonan y olvidan… realmente son un ejemplo a seguir. No así los adultos, que cuando crecemos, las circunstancias que vivimos o experimentamos nos van moldeando en nuestro carácter y en nuestra forma de reaccionar, y vamos acumulando decepciones, frustraciones, y vamos perdiendo la confianza en los demás y hasta en nosotros mismos, y perdemos esa capacidad de perdonar, o simplemente no lo queremos hacer, quizás debido a eso Jesús nos desafía a volver a ser como niños, pues solo así podremos heredar el reino de los cielos.
Pr. Herman Gajardo P.


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