“12. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos
13. y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
14. Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.
15. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,
16. y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.”
Lucas 17:12-16
La Biblia nos enseña en muchas ocasiones a que debemos ser agradecidos, incluso el apóstol Pablo en una de sus cartas escribe que debemos “dar gracias por todo”, esto quiere decir que para Dios es importante el hecho de que seamos agradecidos, y nos insta a serlo una y otra vez.
En los versículos que leímos hoy, se describe una situación vivida por Jesús con unos hombres leprosos que le ruegan que los sane, Jesús tiene misericordia de ellos y les indica que vayan donde el sacerdote, el cual los revisará y los declarará limpios, de manera que puedan volver con sus familias, mientras ellos iban son milagrosamente sanados, pero uno de ellos corre donde Jesús y postrado en tierra le agradece la sanidad.
Quizás muchas veces se repiten en nuestras vidas situaciones similares a esta, le pedimos al Señor que nos sane de alguna enfermedad, que nos ayude a solucionar un problema, que nos ayude en un lío familiar o matrimonial, que nos ayude en algún problema financiero, o cualquier cosa que le pidamos, pero para nosotros era tan importante solucionar ese problema, que después de la respuesta favorable del Señor, quedamos felices por esa respuesta y nos olvidamos o dejamos para después el agradecerle a Dios por el favor recibido. Que no se transforme en un mal hábito en nuestra vida el pedirle y pedirle al Señor y muy poco agradecerle y agradecerle.
Pr. Herman Gajardo P.


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