
“19. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.
20. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?
21. Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.
22. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.”
Mateo 21:19-22
Muchas veces nuestras oraciones quedan en el aire pues no vemos la respuesta que esperábamos, y nos frustramos y tratamos de justificar el porqué aduciendo que la voluntad de Dios no era esa, pero la Palabra que leemos hoy aquí nos enseña una verdad mucho más profunda, Jesús mismo enseña a sus discípulos, y a nosotros, que se trata de un asunto de fe.
En la carta a los Hebreos 11:1, encontramos la siguiente definición: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, por lo cual es necesario creer que lo que pedimos se cumplirá. Ahora surge una pregunta ¿todo lo que pedimos está correcto hacerlo? o más bien ¿que estamos pidiendo?. Y quizás por eso nos habituamos a que, en respuesta a nuestra oración, algunas cosas suceden y otras no y nuestra fe no se activa, pues simplemente esperamos a ver qué sucede. Si no pasa nada, bueno, decimos que no pasó y ahí nos quedamos. Pero si algo llega a suceder, entonces lo tildamos de milagro. Jesús nunca exaltó un milagro, Él enseñaba a exaltar a Dios, pues ahí está la respuesta.
Es Dios el que hace las cosas, nosotros simplemente le pedimos, la fe no es un don natural que tienen todas las personas, la fe la da Dios a los que creen en Él. Jesús dijo un día, “si ustedes tuviesen fe como un grano de mostaza, le dirían a este monte échate en el mar y el monte se movería”, Jesús sabía que en nosotros no había suficiente fe, por lo cual la Palabra nos enseña que la fe es un fruto del Espíritu Santo en nosotros, o sea si tenemos su Espíritu, solo entonces haremos proezas. Solo entonces podremos decirle a este monte échate en el mar y será hecho y “todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.
Se trata de creer, de no dudar, porque para Dios nada es imposible.
Pr. Herman Gajardo P.


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