“14. quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”
Tito 2:14
El apóstol Pablo, en esta carta a Tito, sigue dándole la importancia que se merece nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del mundo, y no pierde oportunidad para enseñarnos lo que Jesús es, lo que hizo, y lo que sigue haciendo por nosotros, y hay tanto que desconocemos de su grandeza, de hecho, Pablo mismo, abriendo su corazón, escribió: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él” (Filipenses 3:7-8a), Pablo desestimó todo lo que él había aprendido, lo que había logrado hacer, aún lo que enseñaba, y todo por conocer más de Jesús; pero lo que le fue revelado cuando conoció a Cristo en su conversión sobrepasó todo lo que había aprendido de la ley y los profetas, pues, la persona de Jesús trasciende el conocimiento, los tiempos, lo que vemos, y lo que entendemos.
En el versículo que leemos hoy nos dice que Jesús: “se dio a sí mismo por nosotros”, y eso, lo hizo porque nos amó y se ofreció voluntariamente en sacrificio santo, agradable a Dios, y lo hizo “para redimirnos de toda iniquidad”, Jesús, el cordero provisto por Dios, fue el precio pagado por nuestra salvación; no es gratis el ser salvos, Jesús pagó con su muerte, el que usted y yo, hoy podamos creer en Él y ser salvos de la condenación eterna, y además “purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”, no solo nos salvó, también nos perdonó, y nos santificó, para que seamos su pueblo, su Iglesia, su cuerpo.
Pr. Herman Gajardo P.



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