“34. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.”

Juan 19:34

En el libro de Génesis, está relatada la creación del hombre y además se detalla la forma en que Dios creó a la mujer; específicamente dice: “Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:21-24).

La Biblia establece que Jesús vino a ser el segundo Adán: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.” (1 Corintios 15:45-47), basado en esto entendemos que Jesús vino a cumplir lo que Adán no pudo, el cual cayó en el engaño de Satanás y el pecado entró en la humanidad a través de Adán y arrastrando a toda su descendencia. Jesús, a pesar de tantas tentaciones, no pecó (1 Pedro 2:22) (2 Corintios 5:21) y como no fue engendrado por varón contaminado con el pecado, sino por el Espíritu Santo, su ADN era santo y se mantuvo en santidad, por lo cual Él representaba el inicio de una nueva creación.

Jesús dijo que establecería su Iglesia (Mateo 16:18), y entendemos que el establecimiento de la Iglesia fue aquel día de Pentecostés, cuando vino el Espíritu Santo y llenó a los ciento veinte que estaban reunidos en ese aposento alto (Hechos 2), pero el versículo que leímos hoy, al inicio de este escrito, establece que una lanza rompe el costado del cuerpo de Jesús, y salió sangre y agua, lo cual es un símil de la creación de Eva, la esposa de Adán, pues en el caso de Jesús es la Iglesia que es creada de Cristo mismo, redimida por su sangre y vivificada por el agua viva que brotaría de Él, por su Espíritu Santo. Entonces la Iglesia, los que hemos creído, y Cristo, seríamos uno en Él. Gloria a Dios.

Pr. Herman Gajardo P.