“ 13. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.
14. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;
15. porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.
16. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
17. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.”
Santiago 3:13-17
Según estos versículos, nuestra conducta y nuestras acciones deben demostrar la sabiduría que Dios nos da. Si nuestra manera de ser no es la adecuada, entonces quiere decir que no somos sabios ni entendidos de la buena voluntad de Dios para nuestras vidas y nuestros respectivos ministerios.
Tratando de dar una enseñanza clara y tácita, el apóstol Santiago, autor de esta carta, escribe que “si tenemos celos y hay contención en nuestro corazón”, dando a entender que los celos no son un fruto del Espíritu en nosotros, y obviamente, sabemos que la manifestación de los celos al ver la vida, el desempeño, o ministerios de otros, eso trae contención, dolor, angustia en nuestro corazón, por lo cual no debemos fingir lo que no somos, ni podemos mentir sobre lo que no hemos recibido de Dios. Eso solo sería nuestra lógica humana, y el versículo 15 enseña que eso no es sabiduría de lo alto sino “terrenal, animal, diabólica”.
Es interesante como el Espíritu Santo inspira a Santiago para escribir conceptos tan profundos y que nos aclaran y especifican lo que es y hace la sabiduría que viene de lo alto, aquella que nuestro corazón debe anhelar y buscar para que forme parte de nuestra existencia, de esa manera poder ser ministros fieles y leales a la voluntad de Dios en nuestra vida.
Pr. Herman Gajardo P.


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