“9. Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.
10. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
12. Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.”
Mateo 9:9-12
Podemos pensar que la popularidad de Jesús era tan grande, que quizás por eso a todos les interesaba verlo en alguna ocasión, tal vez predicando o sanando a algún enfermo, pero la popularidad pasa, lo que trasciende es el poder que brotaba de Él, lo convincente de sus Palabras, lo maravilloso de su forma de enseñar el evangelio, lo cual, aún hoy, sigue impactando, pues su Palabra se mantiene viva, vigente, desbordante de amor. Por lo cual, es extraordinario lo que en estos versículos leídos hoy nos relatan, pues nos dice que Jesús iba pasando con sus discípulos por una calle en donde cobraban los impuestos y tributos para el imperialismo romano, y algo grande sucede.
Un hombre llamado Mateo, un publicano, el cual era judío, era el cobrador allí sentado trabajando para el imperio invasor, quizás sumido en su quehacer laboral, quizás odiado por sus conciudadanos por la labor que ejercía, y de pronto su mirada se encuentra con la de Jesús, quien le dice: “Sígueme”, y la reacción de Mateo llama mucho la atención, pues él, dejándolo todo, le siguió. ¿Qué pasó con Mateo?, ¿Porqué no pudo continuar con su trabajo?, ¿Porqué no pudo resistirse a ese llamado?, ¿Porqué lo dejó todo?, porque el llamado de Jesús fue “irresistible”, la fuerza de la tierna voz de Jesús, fue cautivante, arrolladora, y todo cambió en la vida de Mateo, Jesús era todo lo que él necesitaba… al igual que tú, al igual que yo.
Mateo, también llamado Leví, se transformó en un referente para otros publicanos y pecadores como él, que también necesitaban el llamado de Jesús, pero esto causó enojo entre los fariseos al ver a Jesús compartiendo con publicanos y pecadores, pero Jesús los refuta diciéndoles “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Jesús sigue hoy pasando por nuestra vida y su llamado está en el aire, agudiza tu oído, Jesús está llamándote… síguelo, no te resistas.
Pr. Herman Gajardo P.



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