“1. En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia.

2. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme.

3. Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás.

4. Sácame de la red que han escondido para mí, Pues tú eres mi refugio.

5. En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.

Salmo 31:1-5

Nuestra oración y nuestro clamor estarán siempre delante del Señor, pues solo en Él confiamos, y no dejaremos de confiar, y nada ni nadie nos hará desistir, ni confundir, pues Él nos librará en su justicia, Dios inclinará su oído hacia nosotros y nos librará de toda opresión, Él es nuestra Roca fuerte, y es nuestra Fortaleza de salvación, sólo Dios tiene todo poder, y nada impedirá que su favor llegue hasta nosotros.

Dios es el único que puede encaminarnos y guiarnos, Él nos sacará de la red con que nos han atrapado y Él nos librará, pues Él es nuestro Refugio, podremos estar acongojados, desanimados, escondidos, sin fuerza, pero su Presencia siempre estará con nosotros, para animarnos, para fortalecernos, para levantarnos, y para cobijarnos, bajo sus alas estaremos seguros y confiados, y nada podrá amedrentarnos.

Cuando Cristo sufrió nuestros dolores, y fue flagelado, y azotado, y humillado, y crucificado, nunca reclamó al Padre, ni tampoco echó mano a su deidad para librarse y castigar a sus opresores, no, no lo hizo, y a pesar del dolor angustiante que experimentó, Él siguió adelante para cumplir con su propósito de salvación, y al morir por nosotros exclamó: “En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad”. Glorioso Salvador. Mi Roca Fuerte.

Pr. Herman Gajardo P.